domingo, 14 de junio de 2009

El matrimonio a la luz de la Iglesia


El matrimonio a la luz de la Iglesia

El matrimonio es una realidad tanto religiosa como social, refleja el amor de Cristo para con nosotros y nos hace testigos de la unión más sublime, la del mismo Cristo con su Iglesia. Ya que la naturaleza del matrimonio es de origen divino, se rescata entonces que está por encima de los alcances del hombre. Es así, que a lo largo de este trabajo se tratará sobre la indisolubilidad que significa el vínculo matrimonial desde la óptica de los Padres de la Iglesia, quienes han aportado trascendentes cuestiones no solo respecto al matrimonio sino en todas las realidades y dimensiones en las que se desarrolla y dignifica el hombre. Las fuentes de donde se ha obtenido la información gozan de aprobación y reconocimiento social y eclesial y están detalladas en su momento. Espero que el presente aporte disipe todo concepto errado que se tiene del matrimonio, sobre todo ahora que vive en un relativismo moral y ético, y esto, supongo por la falta de conocimiento del mensaje cristiano ya sea por los escasos medios o poca voluntad.



1.- Noción, origen y sacramentalidad del matrimonio.-

Por el matrimonio, el hombre y la mujer forman una comunidad sexual, inspirada en el amor y dirigida a la procreación de la vida. Sin embargo, el matrimonio desborda los fines sexuales o generacionales e implica condicionamientos sociales, económicos, familiares y morales, en orden a la plenitud de una convivencia y a la educación y desarrollo de la prole. Así pues, una institución que abarca tantos aspectos de la vida humana, no ha podido darse en la historia con características iguales[1].
El matrimonio es un sacramento que involucra tanto hombre como sociedad-al cual hemos mencionado anteriormente- y que a lo largo del tiempo se ha mantenido como célula básica e irremplazable. Es por esto que se entiende la necesidad de conocer a exactitud a qué nos referimos cuando hablamos de matrimonio cristiano.
a) Noción del sacramento del matrimonio.- Tal como lo define Ludwing Ott[2], el matrimonio cristiano es aquél sacramento por el cual dos personas de distinto sexo, hábiles para casarse, se unen por mutuo consentimiento en indisoluble comunidad de vida con el fin de engendrar y educar a la prole, y así reciben gracia para cumplir los deberes especiales de su Estado.
b) Origen Divino del Matrimonio.- El matrimonio no fue instituido por los hombres, sino por Dios. El matrimonio, como institución natural, es de origen divino. Dios creó a los hombres varón y hembra y depositó en la misma naturaleza humana el instinto de procreación, así pues, bendijo a la primera pareja humana y les manifestó su mandato de que se multiplicasen[3]. De aquí que el fin del matrimonio es la procreación de la vida, basada en el amor conyugal, el Eros.
c) Sacramentalidad del Matrimonio[4].-
1.- Dogma: El matrimonio es verdadero y propio sacramento instituido por Cristo. Fue Él quien restauró el matrimonio instituido y bendecido por su Padre, haciendo que recobrase su primitivo ideal de unidad e indisolubilidad[5] y elevándolo a la dignidad de Sacramento.
2.- Prueba de escritura: Es San Pablo quien hace resaltar el carácter religioso del matrimonio exigiendo que se contraiga “en el Señor” y enunciando su indisolubilidad como precepto del Señor[6]. De esta manera, la elevada dignidad y santidad del matrimonio cristiano se funda, según San Pablo, en que el matrimonio es símbolo de la unión de Cristo con la Iglesia.
3.- Prueba de tradición: Desde un principio los Padres de la Iglesia han considerado al matrimonio como algo sagrado. Así pues, desde San Ignacio de Antioquia se sostiene que la Iglesia coopere en la contracción de matrimonio. Posteriormente será Tertuliano quien retome lo dicho y dará testimonio de que el matrimonio ha de contraerse ante la Iglesia. Asimismo, San Agustín defiende la dignidad y santidad del matrimonio cristiano contra los maniqueos, que desechaban el matrimonio como fuente del mal, contra Joviano que inculpaba a la Iglesia de menospreciar el matrimonio y así también contra los pelagianos, que decían que el pecado original era incompatible con la dignidad del matrimonio.


2.- Naturaleza del matrimonio.

Como bien se señala en la Doctrina Social de la Iglesia[7], el matrimonio no ha sido instituido ni restaurado por obra humana, sino divina. Así pues, el matrimonio desde su concepción e institución ha sido protegido con leyes dadas por el autor de la naturaleza. Leyes que por su propia esencia no pueden estar sujetas a ningún arbitrio de los hombres. Tal como afirmó Pablo VI en la Humanae Vital, el matrimonio no es efecto de la causalidad o producto de la evolución de las fuerzas naturales inconscientes, es una sabia institución del Creador para realizar en la humanidad, su designio de amor.
Así pues, es el mismo Creador quien instituyó el matrimonio, basado en la ley natural y como designio de amor al hombre.


3.- Fin y propiedades del matrimonio.


El fin del matrimonio se puede clasificar en primario y secundario, según Antonio Arregui[8]:

a) Primario.- El fin del matrimonio es únicamente la procreación y educación de la prole. Este fin es principal e independiente, otro fin que pueda tener el matrimonio estará subordinado a este fin primario.
b) Secundario.- Es la ayuda recíproca y el remedio de la concupiscencia.

En cuanto a las propiedades del matrimonio, se señalan: la unidad y la indisolubilidad, las cuales en el matrimonio cristiano adquieren firmeza debido al sacramento[9].
Se oponen a estas propiedades; la poliandria[10] y la poliginia[11]. Y no solo porque se oponga al matrimonio cristiano, sino que éste fundado en la ley natural encuentra su incompatibilidad con las formas anteriormente mencionadas. Tanto la poliandria y la poliginia se oponen a la unidad del matrimonio. Asimismo se oponen a la indisolubilidad, el divorcio perfecto, es decir, la ruptura del vínculo, no el imperfecto, es decir, la interrupción de la vida común y la cohabitación.
Dado que en el presente trabajo nos encargaremos de detallar la indisolubilidad del matrimonio desde el punto de vista de los Padres de la Iglesia, es necesario centrarnos ya en la concepción doctrinaria de las propiedades esenciales del matrimonio; la unidad e indisolubilidad.


4.- La unidad y la indisolubilidad del matrimonio.


La grandeza del matrimonio se alcanza cuando se respetan las dos cualidades o propiedades fundamentales que lo caracterizan: la unidad y la indisolubilidad.

a) Unidad[12].- Donación única y total. La unidad del matrimonio viene exigida por la misma naturaleza del vínculo que se origina de la mutua entrega. Así pues, la unidad del matrimonio forma parte del mensaje moral de Jesús, cuando sostiene “una sola carne”[13]. De esta manera, con la unión íntima de sus personas se ayudan y sostienen mutuamente, siendo conscientes de su unidad y así lograrla completamente. Por su parte, la Iglesia ha afirmado reiteradamente la unidad del matrimonio, hasta convertirla en definición dogmática.

b) Indisolubilidad.- Tal como se señala en la Gaudium et Spes[14], el vínculo conyugal no depende de decisión humana- para esto es necesario recordar la naturaleza del matrimonio de la que ya hemos tratado anteriormente-y esto excluye no solo a los esposos, sino a cualquier potestad humana. El matrimonio viene dado por Dios y es Él quien lo instituye. Así, la Iglesia al afirmar la indisolubilidad del matrimonio no hace más que sancionar la doctrina que claramente enseñó Jesús; “Lo que Dios unió, no lo separe el hombre”[15]. El Concilio de Trento[16], señala además que la indisolubilidad se funda en las enseñanzas de Jesús, quien confirmó la estabilidad de este vínculo, afirmada desde Adán.

Y es que al tratar de la indisolubilidad del matrimonio no solo se están defendiendo creencias religiosas sino que se salvaguarda el recto orden social que favorece al bienestar común. De igual manera el bien de los hijos exige la indisolubilidad del vínculo conyugal, por lo que la tarea educativa necesita de la intervención responsable de los dos padres. También, la mutua donación personal de los cónyuges exige la indisolubilidad del vínculo entre ellos que han establecido con esa entrega[17].
Como mencionábamos anteriormente, el matrimonio ha sido instituido por Cristo y es Él quien lo protege con las leyes propias de su divinidad, además el matrimonio es una institución natural, amparada por el mismo derecho primigenio, el derecho natural. La indisolubilidad se puede explicar también a la luz del Derecho, así pues Javier Hervada[18]nos dice que si el vínculo lo ha hecho la naturaleza ¿Quién entonces lo puede romper? ¿Acaso el hombre por propia voluntad? Definitivamente no. Dado que el matrimonio es una institución natural, es la misma naturaleza la que lo puede disolver por medio de la muerte. El hombre por más ser libre y racional que sea, debe respetar su condición natural. De esta manera el divorcio queda descartado como una opción natural y racional. El maestro Hervada, plantea una serie de razones por las cuales el divorcio es un atentado a la voluntad divina y es que “lo que Dios unió el hombre no lo puede disolver”. Entre las razones expuestas sobresale o destaca la unidad que significa el matrimonio, una unidad en las naturalezas tanto de varón como mujer, uno es parte del otro, así el otro cónyuge es como una prolongación de uno mismo. De esta manera uno no puede desprenderse del otro sin negar su naturaleza y autonomía a la vez que se desprende de su propio ser. Podemos notar entonces que tanto la unidad que significa el matrimonio va unida y es inseparable de la indisolubilidad, cualidad inmanente a dicha institución. Pero tengamos en cuenta que no porque vayan unidas las propiedades de unidad e indisolubilidad significa que sean iguales, bien señala pues Augusto Sarmiento;”La unidad y la indisolubilidad son propiedades diferentes. Una cosa es que la entrega recíproca sea exclusiva y otra que dure para toda la vida. Pero se reclaman e implican mutuamente; ya que en el fondo, no son más que dos aspectos de la misma realidad…”[19]
Sucede lo contrario, en cuanto a la indisolubilidad como propiedad y la sacramentalidad del matrimonio. Sépase, que tanto la indisolubilidad como la sacramentalidad son realidades que forman un círculo, entre ellas se da una relación de causalidad recíproca, es decir, el fundamento que permite reconocer la sacramentalidad del matrimonio es la indivisibilidad y sucede también a la inversa, la sacramentalidad constituye el fundamento intrínseco de la indisolubilidad del matrimonio. Es necesario reconocer que la indisolubilidad del matrimonio es también un símbolo de la alianza definitiva de Jesucristo con su Iglesia[20]y he aquí uno de los fundamentos del matrimonio cristiano.
La unidad e indisolubilidad del matrimonio quedan más resaltadas por la constitución sacramental del mismo, puesto que éste – el matrimonio – no sólo representa plenamente la unidad entre Cristo y la Iglesia, sino que en virtud del sacramento produce además un lazo sobrenatural tan íntimo que por él los esposos son introducidos de manera singular y específica en el misterio de la redención. Así pues, según la afirmación de la Iglesia el Matrimonio Sacramental consumado es indisoluble, es decir no puede ser disuelto por ningún poder humano y sólo termina con la muerte de uno de los cónyuges[21]





Conclusiones


1) El matrimonio es un sacramento que involucra tanto hombre como sociedad y es de origen divino, es decir fue constituido por Jesucristo y se rige solo por ley divina, la cual no está al alcance del hombre. Dan testimonio de esto los evangelios y la misma Iglesia en su enseñanza y tradición.
2) El fin de la institución del matrimonio principalmente es la procreación, la educación de la prole y como fines secundarios se encuentran la ayuda recíproca y el remedio de la concupiscencia. Asimismo las propiedades de esta misma institución son; la unidad y la indisolubilidad.
3) La unidad es la donación única y total, esta viene exigida por la misma naturaleza del matrimonio que se origina de la mutua entrega y se fundamenta en lo que sostiene Jesús en su mensaje; “una sola carne”. De igual manera, la indisolubilidad se sustenta en Cristo cuando afirma; “Lo que Dios unió no lo separe el hombre”, dado que el matrimonio es de origen divino, el hombre no puede disolver este vínculo porque es ajeno incluso a sus leyes.
4) Es la Iglesia en su misión evangelizadora la que nos llama a seguir las enseñanzas de nuestro Padre y ser testigos de su propósito de amor en el matrimonio, así los Padres de la Iglesia no hacen sino concienciar al hombre y a la sociedad para que asuman retos en su vida sobre todo a mantener una unión indisoluble que en sí significa el matrimonio.
Bibliografía


1) ALIAGA GIRBÉS, Emilio. Compendio de Teología del matrimonio. Segunda edición. Valencia. EDICEP C. B. 1994.
2) ARREGUI, Antonio M. Compendio de Teología Moral. 24 Edición. Traducido por P. Marcelino Zalba. España. Aldecoa. 1965.
3) Biblia de Jerusalén. Editorial española Desclee de Brouwer S. A. Bilbao.1975.
4) Enciclopedia Encarta 2008.
5) ENCICLOPEDIA TEOLOGICA Sacramentum Mundi. Tomo IV. Jansemismo-Opinión pública. Barcelona. HERDER. 1973.
6) FERNANDEZ, Aurelio. El mensaje moral de Jesús de Nazareth. Madrid. Palabra. 1998.
7) HERVADA, Javier. Diálogos sobre el amor y el matrimonio. Tercera edición. España. EUNSA. 1987.
8) IDÍGORAS, José Luis. Vocabulario teológico desde nuestra realidad. Lima. Centro de proyección cristiana. 1979.
9) IBAÑES LANGLOIS, José Miguel. Doctrina Social de la Iglesia. Segunda Edición. España. EUNSA. 1990
10) MIRALLES, Antonio. El matrimonio. Teología y vida. España. Palabra. 1999.
11) OTT, Ludwing. Manual de Teología Dogmática. Volumen 29. Barcelona. HERDER. 1969.
12) PONCE CUELLAR, Miguel. Tratado sobre los sacramentos. Valencia. EDICEP C. B. 2004.
13) RAHNER, Karl y VORGRIMLER, Herbert. Diccionario Teológico. Segunda edición. Barcelona. HERDER. 1970.
14) RATZINGER, Joseph. Introducción al cristianismo. Salamanca. 1971.
15) SARMIENTO, Augusto. El matrimonio cristiano. Navarra. EUNSA. 1997.
16) II SIMPOSIO INTERNACIONAL DE TEOLOGIA DE LA UNIVERSIDAD DE NAVARRA. Cuestiones fundamentales sobre matrimonio y familia. Antonio Miralles. España. EUNSA. 1980. 161.


[1] IDÍGORAS, José Luis. Vocabulario teológico desde nuestra realidad. Lima. Centro de proyección cristiana. 1979. 192.
[2] OTT, Ludwing. Manual de Teología Dogmática. Volumen 29. Barcelona. HERDER. 1969. 676.
[3] Gn. 1, 28. “Y bendíjolos Dios, y díjoles Dios: Sed fecundos y multiplicaos y henchid la tierra y sometedla; mandad en los peces del mar y en las aves de los cielos y en todo animal que serpentea sobre la tierra.”
[4] Ídem (2) 677.
[5] Mt. 19, 3-6. “Y se le acercaron unos fariseos que, para ponerle a prueba, le dijeron; ¿Puede uno repudiar a su mujer por un motivo cualquiera?” Él respondió: “¿No habéis leído que el Creador, desde el comienzo, los hizo varón y hembra, y que dijo: Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos se harán una sola carne? De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios unió no lo separe el hombre”
[6] 1 Cor 10-11. “En cuanto a los casados, les ordeno, no yo sino el Señor: que la mujer no se separe del marido, mas en el caso de separarse, que no vuelva a casarse, o que se reconcilie con su marido, y que el marido no despida a su mujer.”
[7] IBAÑES LANGLOIS, José Miguel. Doctrina Social de la Iglesia. Segunda Edición. España. EUNSA. 1990. 119.
[8] Cfr. ARREGUI, Antonio M. Compendio de Teología Moral. 24 Edición. Traducido por P. Marcelino Zalba. España. Aldecoa. 1965. 680.
[9] Ídem.
[10] Estado de la mujer casada simultáneamente con dos o más hombres.
[11] Régimen familiar en el que el hombre tiene varias esposas al mismo tiempo.
[12] FERNANDEZ, Aurelio. El mensaje moral de Jesús de Nazareth. Madrid. Palabra. 1998.120.
[13] Loc cit.
[14] Citado en el II SIMPOSIO INTERNACIONAL DE TEOLOGIA DE LA UNIVERSIDAD DE NAVARRA. Cuestiones fundamentales sobre matrimonio y familia. Antonio Miralles. España. EUNSA. 1980. 161.
[15] Loc cit.
[16] Citado por MIRALLES, Antonio. El matrimonio. Teología y vida. España. Palabra. 1999.
[17] Cfr. II SIMPOSIO INTERNACIONAL DE TEOLOGIA DE LA UNIVERSIDAD DE NAVARRA. Cuestiones fundamentales sobre matrimonio y familia. Antonio Miralles. España. EUNSA. 1980. 161.
[18] Cfr. HERVADA, Javier. Diálogos sobre el amor y el matrimonio. Tercera edición. España. EUNSA. 1987. 227-228.
[19] SARMIENTO, Augusto. El matrimonio cristiano. Navarra. EUNSA. 1997. 291.
[20] Véase ALIAGA GIRBÉS, Emilio. Compendio de Teología del matrimonio. Segunda edición.. Valencia. EDICEP C. B. 1994. 204.
[21] Cfr. ENCICLOPEDIA TEOLOGICA Sacramentum Mundi. Tomo IV. Jansemismo-Opinión pública. Barcelona. HERDER. 1973. 515-531.